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Héroes anónimos intentan rescatar el caño Bugre

Hace muchas décadas a orillas del caño Bugre se sembraba yuca, plátano, maíz y ñame. Esas aguas no solo eran punto de encuentro para vecinos y amigos en los días de calor; también, una importante vía comercial en donde navegaban embarcaciones de mediano tamaño con comida y vasijas de barro traídas desde Cartagena y Santa Cruz de Mompox.

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Hoy las aguas están contaminadas, los peces escasean, la basura obstaculiza el paso y los olores fétidos se han ido apoderando del lugar. Los quince metros de ancho que tenía, se resumieron a tres. Los sedimentos y más de 2.500 cambuches que se han ido asentado a lo largo de sus 33 kilómetros hacen que sus aguas agonicen hasta la Ciénaga Grande de Lorica.

Sin embargo, hay ribereños que marcan la diferencia e intentan salvar este importante afluente que agoniza ante la mirada indiferente de las autoridades.

Miguel Liñan es un joven residente en el barrio 24 de Mayo de Cereté, quien con un grupo de amigos limpian la maleza y extraen los residuos en el sector ribereño de su barrio. Es así como todos los años trabajan de corazón y con las uñas.

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Estos jóvenes prestan una canoa para embellecer y no dejar morir el caño, símbolo inequívoco de Cereté. “Aportamos nuestro granito de arena en compañía de los voluntarios. Todos los años trabajamos para dar esplendor a nuestro caño Bugre, nuestro afluente natural. Queremos impulsar a otros barrios para que también hagan lo mismo, a todos los que compartimos la ribera del Bugre, ayudemos. Es cierto que la voluntad mueve montañas, pero necesitamos la ayuda de Dios primeramente, la ayuda de cada uno de ustedes y la ayuda de los entes administrativos y todas aquellas personas que han llevado desde siempre esta lucha: Salvar al Bugre” indicó Miguel.

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