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¿Estamos preparados para una presencialidad educativa?

Por: Jairo López Saleme – Abogado, Magíster en Ciencia Política y Gobierno

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Es la pregunta que recorre las mentes de todo un país, sobre todo de quienes son padres de familia. La pandemia del Coronavirus produjo la crisis más aguda que la humanidad haya vivido en los últimos años, una crisis que tocó todas las esferas de la sociedad. La educación no pudo eludir semejante situación, además, tampoco había forma alguna de hacerlo, puesto que el sistema educativo del país es escueto.

La Covid-19 redujo toda posibilidad de tener contacto en medianas y pequeñas cantidades de personas, un enemigo invisible que nos distanció. Científicos de todo el mundo se vieron retados a desarrollar en tiempo récord una vacuna para luchar contra el temido virus. La salud, la economía, pero sin duda la educación, son los sectores más golpeados, y es en este último en donde voy a detenerme y tratar de exponer lo que considero un punto determinante para avanzar en beneficio de todos.

Siempre hemos escuchado, y otros lo viven en carne propia, la difícil situación del acceso a la educación. En colegios, universidades y cualquier centro educativo, tienen condiciones enmarcadas en la política y la burocracia para acceder a sus programas. Esta misma política mal planteada y maliciosamente ejecutada, ha destrozado el sistema educativo en el país, politizando y sumergiendo en la corrupción a la educación nacional.

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En el país no se hicieron las inversiones pertinentes en los planteles de educación, los recursos destinados para la mejora de las condiciones educativas terminaban en las garras de unos corruptos, especialistas en desviar los dineros para satisfacer intereses propios. Como si fuera un cuento, la educación también ha vivido su propio carrusel, donde se han desviado miles de millones de pesos.

La pandemia nos llevó a permanecer en casa y a los estudiantes a recibir sus clases desde ella, lo que en muchos sectores fue traumático. Llegó la ‘virtualidad’ a la educación, un verdadero parapeto en un sistema educativo que carece de inversión tecnológica. En los planteles educativos quedó demostrado que la carencia de las herramientas Tic’s eran casi desconocidas, una realidad que abrazó tanto a estudiantes como maestros.

La Covid-19 golpeó fortísimo a Colombia, millones de contagios y miles de muertos dejan un sinsabor y un panorama desalentador. Los maestros fueron priorizados para recibir la vacuna, y hoy en día ya la vacunación ha avanzado, sin embargo, hay personas que han decidido no aplicarse el biológico. Los estudiantes, niños y jóvenes, son los que se encuentran en el ojo del huracán, con las directrices del gobierno sobre un regreso a clases presenciales mediante una modalidad de alternancia, y en algunos lugares presencialidad plena, aun sin haber vacunado a toda la población estudiantil.

En medio de la pandemia escuchamos a muchos decir, “eQsto nos cogió con los pantalones abajo”, y es lógico; en un país donde abunda la corrupción y malversación de recursos de educación. A lo largo y ancho del territorio nacional la educación está olvidada. Los departamentos, municipios, y aún en ciudades capitales tienen instituciones educativas en precarias condiciones, sin las inversiones necesarias para satisfacer de manera básica el ambiente educativo. Para que la educación no hubiera sido tan traumática en medio de la crisis por Coronavirus, era necesario haber hecho una gran inversión para la educación desde todo punto de vista.

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Esta breve reseña de lo que debía ser nuestro sistema educativo, de cómo en realidad está, y de lo que produjo la Covid-19, nos lleva a preguntarnos si de verdad estamos preparados para regresar a las escuelas en medio del Coronavirus, que a pesar de la vacunación, sus indicadores de contagio y muerte aumentan. ¿Cuentan las instituciones educativas, incluyendo zona rural y urbana, con las condiciones de higiene, que garanticen un verdadero protocolo sanitario para los estudiantes?

En el país ni siquiera se hizo acompañamiento sicológico, la pedagogía fue pobre y lo poco que se hizo sobre la marcha fue confuso. Tampoco se focalizaron sectores vulnerables donde se debía enfatizar y reforzar medidas para prevenir el contagio en familias que incluyen menores de edad. Es hora de ser realistas, no es momento de utilizar discursos populistas, la realidad de nuestras instituciones educativas en muchas partes es deplorable, no hay garantía de que no se pueda producir un contagio masivo de estudiantes, los cuales no han recibido la vacuna. El acompañamiento gubernamental es escaso y no llega a todas partes, ni hablar de la ruralidad.

Señores dirigentes políticos, rectores educativos, gremio de maestros, gremio de padres, sociedad en general, con la mano en el corazón y siendo realistas de la condición educativa actual, dejo esta pregunta:

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