El nuevo rol del profesor

Por: Adriana Suárez de Lacouture
La labor del profesor es una actividad esencial en esta etapa de la historia humana; generando conocimiento más allá de lo imaginado, superando los retos impuestos por la coyuntura universal.
Los educadores han transformado los ambientes de enseñanza-aprendizaje para llevar a buen término la actividad formativa centrada en el estudiante. Pese a la distancia física no podemos perder la cercanía que nos permite ir más allá y estar atentos a su desarrollo personal.
La profesora Ana Lúcia Gazzola, exdirectora del Instituto Internacional para la Educación Superior de América Latina y el Caribe (Unesco), sostiene que en esta nueva era los docentes tienen la misión de “conducir con dulzura”, haciendo clara referencia a la importancia de la interacción profesor-estudiante, la cual se puede interrumpir en la virtualidad, porque nos aleja de los gestos y del lenguaje corporal, elementos importantes en los procesos de comunicación.
Las instituciones educativas de todos los niveles y los docentes tenemos el reto de proponer formas de interactuar para enfrentar el cambio. Esto es posible si se hace con planificación, teniendo una buena administración de los tiempos frente a las pantallas, proponiendo esquemas híbridos que combinen la presencialidad y el acceso remoto en justas proporciones y estrategias que posibiliten sacar lo mejor, no solo de cada estudiante, sino de cada actor.
Ahora, más que nunca, tenemos el reto y la oportunidad de poder ayudar a que nuestros estudiantes sean diseñadores y productores de contenidos bajo la orientación de cada profesor; en ese sentido, nuestro papel como maestros es mucho más participativo y activo porque contribuye a aumentar la base de conocimiento, que hoy es más dinámico y cambiante.
La realidad del mundo hoy nos presenta retos inimaginables, más que en cualquier otro momento vivido por anteriores generaciones, por lo que es necesario reflexionar sobre la sociedad que queremos construir, sobre los cambios que hay que generar con urgencia en el presente y las acciones que se hacen necesarias para conformar el futuro y crear mejores condiciones.
Seguramente tendremos la oportunidad de reencontrarnos, con la certeza de haber crecido en conocimiento, fortalecidos en una nueva dimensión, la de la virtualidad, pero con cercanía emocional.
Necesitamos un docente más humanista, sensible, que forme ciudadanías más democráticas, tolerantes y resilientes, un profesor que aporte al desarrollo, que varíe sus didácticas y metodologías, con capacidad de co-creación, pero que sobre todo, reconozca el valor de formar para transformar la realidad.
¡El profesor de hoy es un protagonista del cambio!
*Rectora de Unisinú-Montería