Córdoba

Reflexión en momentos de crisis

Hoy quiero hacer algunas reflexiones acerca de un aspecto que, de cierta manera, nos ocupa a todos, se trata de la fragilidad y finitud de la existencia humana; de la cual, somos conscientes en momentos de crisis, cuando no encontramos explicaciones racionales; entonces, nos refugiamos en una narrativa mítico-religiosa para tener certezas sobre las razones de nuestras desgracias. Cuando las crisis individuales o colectivas no aparecen, la existencia gravita alrededor de modelos o paradigmas de enejenacion que dan a la vida sentido de inmortalidad. Me refiero con ello, al paradigma del consumo que se suma a lo que el profesor Gilles Lipovestky llama, “La era del vacío o imperio de lo efímero”; comportamientos propios de la era posmoderna.

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Los grandes ejes modernos, la revolución, el laicismo y la vanguardia, han sido abandonados a fuerza de personalización hedonista; aquí muere el optimismo tecnológico y científico al acompañar el armamentismo de los bloques de poder, la degradación del medio ambiente y el abandono social. Ya ninguna ideología política es capaz de entusiasmar a las masas, la sociedad posmoderna carece de ídolos, no posee un proyecto histórico movilizador, estamos regidos por el vacío, un vacío que no resiste; sin tragedia ni apocalipsis, cuyos nuevos referentes son el hedonismo y el narcicismo. Este tipo de sociedad nos sitúa frente a nuevos escenarios en los que estamos desconectados, y existimos en función de nuestra propia realidad y subjetividad. La crisis nos debe permitir reaccionar, por ello, el temor mundial al contagio del “coronavirus”; esto, muestra el profundo contraste que existe entre el alto grado de desarrollo científico y tecnológico y el bajo grado de desarrollo social.

Cabe señalar que, a pesar de todos los avances científicos y tecnológicos, hemos generado un culto y reverencia de que somos infalibles. Nos encontramos frente a una realidad, y es la fragilidad social y humana que demuestra que a pesar de todo el desarrollo científico podemos interactuar con la naturaleza, convivir, aprender y avanzar; pero nunca tendremos control sobre ella. Los brotes de virus a nivel mundial no son fenómenos nuevos; la historia de la humanidad registra muchos casos como: H1N1 o gripa porcina en 1919; 1920 sida, encontrado en primates; 1976 ébola en monos; 1998 gripa aviar en patos; 2002 sars coronavirus en China dentro de un felino; 2009-2010 reaparece el H1N1; 2012 mers, coronavirus en camellos y en 2020, Covid-19. Muchos con desenlaces catastróficos; lo que ha permitido un desafío para el avance de la ciencia; permitiendo que la mayoría de esos virus que en el pasado eran nefastos hoy estén controlados. Pero, el asunto al que quiero hacer referencia no es solo la fragilidad humana a la que estamos expuestos; sino que, esta pandemia nos pone frente a una realidad irrelevante en el debate público, porque hacemos parte de un todo. Esta pandemia ha visibilizado nuestra fragilidad humana; pero tambien valores como la solidaridad, fraternidad, ayuda mutua, necesarias para un mundo mejor.

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Que humano sería que, todas estas medidas se tomaran no solo cuando surgieran estas contingencias y fenómenos globales; sino que, fueran permanentes para intervenir y erradicar los virus de la pobreza, inequidad, xenofobia, el hambre, la desnutricion, la corrupción, las guerras.

*Rector de Unicor

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