Opinión

Ser o hacer: ¡That’s the question!

A veces, cuando me encuentro con alguien que no veo hace tiempo y le pregunto: ¿Y tus hijos?, me contestan, por ejemplo: “Bien, gracias a Dios, tengo un médico, un arquitecto y otra que está a punto de graduarse” y a eso se reduce la respuesta, como si ser padre o madre fuera sinónimo de fabricar profesionales. La respuesta resume lo que verdaderamente importa. ¿Son felices? ¿Qué tal van sus sueños? ¿Sufren de ansiedad, depresión o gozan de una salud mental óptima? ¿Se han enamorado? ¿Lograron construir un hogar o ya están en la lista de los separados? ¿Prefirieron ser solteros? Si bien es cierto que estos detalles no los vamos a incluir en una respuesta a un saludo, la verdad es que para la sociedad todos esos interrogantes están en segundo plano, lo importante es que la respuesta incluya la profesión que escogieron y por supuesto que sea una de aquellas que vienen con una mayor probabilidad de lograr éxito y ganar dinero. No importa si no es lo que realmente querían, no importa si al influenciarlos con lo que pensamos que es mejor para ellos les generemos frustración por dejar a un lado lo que verdaderamente les apasiona, no nos tomamos la molestia de escudriñar hasta descubrir cuál es su verdadera vocación, porque de pronto resulta algo que no está en la lista de las profesiones mejor pagadas o de las expectativas que se tienen sobre ellos. ¿Qué tal que salga con que quiere ser actor, escritor o músico? Me contesto una vez una amiga que, literal, estaba obligando a su hijo a estudiar administración de empresas. Y cito las artes porque suelen ser justamente esas vocaciones las que con más frecuencia son aplastadas con la frase: “Quiero lo mejor para ti y no quiero que te mueras de hambre”. Aunque también sucede con otras áreas, mi papá, por ejemplo, obligo a mi hermana mayor a estudiar ingeniería de sistemas, ella quería hotelería y turismo, como era de esperarse, no paso de tercer semestre, la ingeniería no tenía nada que ver con sus verdaderas destrezas.

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“¡Es que tienes que ser alguien en la vida!” Es una frase común con la que se suele presionar a los chicos, y para mí una de las muchas que deberíamos descartar del vocabulario de una crianza amorosa y asertiva.
Es indiscutible la importancia de desarrollarnos profesionalmente, estudiar y tener metas con respecto al futuro, pero es igual de importante aprender a separar el “ser” del “hacer”. El mundo está lleno de profesionales exitosos, ansiosos o depresivos, de políticos corruptos que, cuando niños, les dijeron tantas veces: “tienes que ser alguien en la vida”, que terminaron como Maquiavelo: justificando los medios tras ese fin. Estamos rodeados de personas que trabajan por inercia o de otros que ejecutan mediocremente sus tareas porque no logran sentirse felices dentro del rol que les tocó desempeñar.
YA SOMOS desde el primer grito de llanto al salir del vientre materno. Somos un cúmulo de sueños, miedos, alegrías, ideales, criterios, emociones, experiencias e inexperiencias, certezas, dudas, habilidades, falencias, entre otras, y la misión de los padres, a mi parecer, es fortalecer ese “ser” que trajimos al mundo y partir de ahí, guiarlo en el proceso de descubrir su vocación y para que logre decidir a conciencia que va a “hacer” cuando sea grande. Dándole con esto continuidad a mi columna anterior y aclarando lo que no fue un error ortográfico, sino un llamado a la reflexión sobre estas dos palabras.
A mis muchachos de 11 de la IE en la que dicte la charla y a todos los que puedan leerme, les repito lo mismo que le digo a mi hijo sobre las pruebas del Icfes: Un examen no los define, prepárense para ello y si va bien, maravilloso y si no va bien, concéntrense en saber lo que son, en descubrir lo que verdaderamente les apasiona y en ir por ello decididamente.

Nene, ne-ne-ne, ¿qué vas a ser cuando seas grande?
¿Estrella de rock and roll? ¿presidente de la nación?
Nene, ne-ne-ne, ¿qué vas a ser cuando alguien apriete el botón?
Estoy, casi condenado
A tener éxito para no ser un perro fracasado
Así, así, así, yo fui enseñado
Generaciones tras generaciones marchan a mi lado
Solo quiero jugar
Soy el sueño de mamá y papá
No, no les puedo fallar

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