Opinión

Si ellos cuidaron de ti, ¿no es natural hacer algo por ellos?

Por :Ricardo Madera Simanca

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Por estos días me resuena el estribillo de esa conmovedora canción de Kinito Méndez, “En el asilo te dan cariño, pero quiero estar con mis hijos”, se refleja una realidad que mueve las fibras más sensibles de nuestra sociedad: el abandono de nuestros adultos mayores. La letra evoca una práctica que duele y lamentablemente común: “En el asilo te dan cariño, pero quiero estar con mis hijos”. Esta frase cobija un sentimiento de soledad y el anhelo de muchos abuelos que preferirían estar cerca de sus familias, a pesar de las dificultades.

La situación de los adultos mayores en Colombia, especialmente aquellos que terminan en centros asistenciales, revela un profundo problema social e incluso humano. La Constitución Política de Colombia, en su artículo 46, establece la obligación del Estado, la sociedad y la familia de concurrir para la protección y asistencia de las personas de la tercera edad. Además, la Ley 1857 de 2017 promueve la integración y la protección del adulto mayor en el seno familiar. Según la Ley 1276 de 2009, conocida como la Ley de Centros de Bienestar para el Adulto Mayor, el Estado colombiano reconoce la importancia de proteger a esta población vulnerable. Sin embargo, la realidad es otra, este marco jurídico y las instituciones a menudo no son suficientes para suplir el vacío emocional y afectivo que sienten nuestros ancianos. Además de la incapacidad de suministrar lo más básico y elemental quizás como techo, alimentación y vestido entre otras cosas.

En muchos casos, los abuelos son relegados a un segundo plano cuando despectivamente son tachados de “viejos” o “incapaces” de seguir siendo útiles en el núcleo familiar. Esta percepción errónea no solo es injusta, sino que también ignora el valor in cuantificable de su experiencia y sabiduría. Es crucial recordar que cuidar de nuestros adultos mayores no se trata solo de visitarles de vez en cuando o sacarlos a pasear, sino de ofrecerles un cuidado real y efectivo.

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La responsabilidad intergeneracional es un concepto que debe ser inculcado desde temprana edad. Nuestros padres y abuelos han dedicado gran parte de su vida a criarnos y educarnos, y es nuestro deber retribuirles con el mismo amor y dedicación. Sin embargo, en muchas ocasiones, esta responsabilidad se traduce en una carga adicional para ellos, asignándoles el cuidado de los nietos sin considerar su salud física y emocional.

Es común ver cómo algunos abuelos, a pesar de sus años y posibles achaques, se ven obligados a asumir el rol de cuidadores principales de sus nietos. Esta práctica no solo es injusta, sino que también puede ser perjudicial para su bienestar. Si bien el vínculo entre abuelos y nietos es valioso y enriquecedor, este no debe ser explotado para descargar responsabilidades que corresponden a los padres.

Los casos de abandono y maltrato de ancianos en centros asistenciales son tristemente comunes. Entidades como la Defensoría del Pueblo resaltan la necesidad urgente de una mayor vigilancia y políticas más estrictas para garantizar que nuestros adultos mayores reciban el cuidado y el respeto que merecen.

Cuidar de nuestros adultos mayores va más allá de proporcionarles un techo y alimentos que muchas veces no tienen. Implica un compromiso emocional y afectivo, reconociendo su valor y aportando a su calidad de vida. Debemos recordar que el cariño y el respeto hacia nuestros mayores son el reflejo de una sociedad justa y equitativa.

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La canción de Kinito Méndez nos invita a reflexionar sobre nuestras responsabilidades y a valorar más a nuestros abuelos y padres. “En el asilo te dan cariño, pero quiero estar con mis hijos” no debe ser solo una letra emotiva, sino un llamado a la acción para garantizar que nuestros adultos mayores puedan vivir sus últimos años con dignidad, rodeados del amor y el respeto de sus seres queridos. Es nuestra obligación como sociedad y como hijos o nietos asegurar que esta generación que tanto nos ha dado, reciba el cuidado real y efectivo que merecen.

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