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Colombia, un país con una diversidad de suelos ignorada y desperdiciada

  • A pesar de contar con ocho clases de suelos para realizar tanto actividades productivas como de conservación ambiental, el uso inadecuado en el territorio nacional coge cada vez más fuerza.
  • La ganadería, presente en más del 30% del país, solo podría implementarse en el 13,3%. El panorama agrícola es opuesto: el 4,7% tiene cultivos, cuando su área potencial es del 19,3%.
  • La alerta fue dada hoy por el Director General del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), Juan Antonio Nieto Escalante, en la conmemoración del Día Mundial de la Tierra.

Colombiano que se respete alguna vez ha ‘sacado pecho’ por algunas de las virtudes ambientales o paisajísticas con las que cuenta el país.

Los densos bosques selváticos de la Amazonia, las llanuras de la Orinoquia, las empinadas montañas Andinas, las playas del Caribe y el Pacífico, los pocos nevados que aún no han perdido su ‘cabellera blanca’ o las especies de la flora y fauna, son algunas de las cualidades físicas que más enorgullecen a los habitantes del territorio nacional.

Sin embargo, la gran mayoría no ha resaltado que entre la gran diversidad del país también está un recurso natural silencioso, del que pocos hablan, pero que es el encargado de dar vida, vivienda y alimento: el suelo.

Según el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), las 8 clases de suelos que hacen presencia en el territorio, hacen de Colombia un país diverso y rico en este recurso, ya que dependiendo de su vocación y capacidad de uso, se pueden realizar actividades tanto productivas como de conservación.

Pero, ¿en dónde están alojadas estas categorías claves el ordenamiento productivo y ambiental que tanto necesita el país?

Para resolver este interrogante, hoy 22 de abril, cuando se conmemora en Día Mundial de la Tierra, Juan Antonio Nieto Escalante, Director General del IGAC, elaboró un panorama sobre los suelos que hacen parte de la Nación, y alertó sobre el mal uso que se le ha dado.

De las ocho clases colombianas, la más predominante es la 7, que abarca el 36,1% (41,2 millones de hectáreas). “Son terrenos con un alto grado de vulnerabilidad a degradarse, ya sea por fuertes pendientes, erosión o baja calidad de la tierra; su uso es forestal y de carácter protector, y la ganadería representa todo un atentado ambiental”, dijo Nieto Escalante.

Este tipo de suelo abunda en toda la superficie colombiana, pero sobresale en las zonas bien drenadas y disectadas de la Amazonia y Orinoquia, en las regiones Andina y Pacífica (como Chocó) y en La Guajira.

La clase 6, presente en el 26,2% (29,9 millones de hectáreas), está conformada por suelos para actividades forestales y agroforestales, o cultivos densos, semiperennes y perennes, y están en el centro y oriente de la Amazonia, Pacífico y piedemontes Andinos.

La clase 4, en el 12,7% (14,5 millones de hectáreas), agrupa suelos con baja fertilidad y al alto contenido de aluminio de la Altillanura plana, departamentos como Magdalena, Sucre y Córdoba, y algunas zonas de la región Andina.

Es apta para usos agrícola y pecuario, pero debido a sus limitantes requieren de prácticas de manejo agropecuarias difíciles de aplicar y mantener.

Los terrenos intocables para cualquier tipo de producción pertenecen a la clase 8 (12,5% – 14,2 millones de hectáreas), ya que son para la conservación, regulación del agua, protección de la fauna y recreación sostenible.

Esta clase está distribuida por todo el país, destacándose en la región Andina, las 2,9 millones de hectáreas de páramos, la Sierra Nevada de Santa Marta y departamentos como Amazonas y Vichada.

La clase 5 (7,4% – 8,4 millones de hectáreas) padece de encharcamientos y pedegrosidad, por lo cual la actividad agropecuaria debe ser temporal; su uso debe tender hacia la conservación.

Planicies inundables de la Orinoquia, áreas bajas del Caribe, depresiones del río Magdalena y rondas de los ríos Guaviare, Apaporis, Caquetá, Putumayo, Vaupés y Vichada, hacen parte de este grupo.

Las clases 1, 2 y 3 son las más propicias para los desarrollos agrícolas y el ganado controlado. Ocupan el 3,1% (231 mil hectáreas) y están distribuidas en zonas del Caribe y la región Andina (como la Sabana de Bogotá) y los valles internadinos.

En estas clases tienen total luz verde los cultivos transitorios, semiperennes o perennes, al igual que la ganadería intensiva con pastos de alto rendimiento; solo necesitan prácticas como fertilización, encalamiento, riego y drenaje.

“Este abanico de suelos hacen de Colombia un territorio privilegiado. Pocos países cuentan con la fortuna de tener en su área terrenos para actividades de todo tipo, que van desde las más productivas hasta las intocables por sus ecosistemas estratégicos”, apuntó Nieto Escalante.

Ganadería, el principal problema del suelo

El Director del IGAC enfatizó que el país no ha podido sacarle provecho a la diversidad de sus suelos. Ha destinado sus áreas más productivas para proyectos urbanísticos, cultivado en zonas de páramo y humedales y extralimitado su capacidad ganadera, actividad que más perjudica al recurso suelo.

Para el funcionario, la falta de correspondencia entre el uso actual de la tierra y la capacidad que posee para generar servicios y bienes en forma sostenible, ha desencadenado graves problemas de degradación, tanto en la calidad de las tierras como en la comunidad rural.

“La deforestación, la contaminación de las aguas y suelos y la erosión, son pruebas fehacientes de que las clases de suelos no son respetadas”.

El panorama de uso inadecuado elaborado por el IGAC no deja bien parada a la ganadería. A pesar de contar con más de 15,1 millones de hectáreas donde se podría implementar sin ninguna repercusión (13,3%), actualmente 34,8 millones tienen ganado (36,6%).

“La ganadería es la actividad productiva que más afecta al suelo. El constante pisoteo causa compactación, la cual le quita características y le impide su regeneración”, enfatizó Nieto Escalante.

“El desarrollo pecuario abunda en zonas de alta pendiente, áreas adyacentes a cuerpos de agua y hasta en reservorios como páramos, terrenos que deberían estar vetados”.

Los departamentos donde se debería concentrar la ganadería en Colombia son Arauca y Casanare en la Orinoquia, algunos terrenos de La Guajira y parte de Santander y Norte de Santander; el problema es que está presente en los 32 del territorio.

Desperdicio agrícola

La actividad agrícola es opuesta a la ganadera. Las áreas aptas abarcan 22 millones de hectáreas (19,3%),  pero tan solo se utilizan aproximadamente 5,3 millones (4,7%).

Nieto Escalante advirtió que no todas las 5 millones de hectáreas donde hay presencia de cultivos hacen parte de las zonas catalogadas como aptas.

“Los cultivos abundan en los páramos, en terrenos de alta montaña y en las zonas cercanas a los ríos. Por la extralimitación ganadera, Colombia no solo ha sepultado sus terrenos más agrícolas, sino que ha puesto en riesgo la seguridad alimentaria”.

El listado de departamentos con zonas con capacidad agrícola está conformado por Antioquia, Atlántico, Bolívar, Boyacá, Caldas, Caquetá, Casanare, Cauca, Cesar, Córdoba, Cundinamarca, Huila, La Guajira, Magdalena, Meta, Nariño, Norte de Santander, Quindío, Risaralda, San Andrés, Santander, Sucre, Tolima, Valle del Cauca y Vichada.

Producción forestal desdibujada

64,2 millones de hectáreas del país tienen vocación forestal (56,2%).

De este total, 3,9 millones de hectáreas pueden ser aprovechadas para elaborar productos maderables y otros como gomas, resinas, frutas, colorantes y plantas medicinales.

No obstante, tan solo 113 mil hectáreas tienen este uso productivo forestal, es decir que se desperdician más de 3,7 millones de hectáreas con potencial.

Meta, Córdoba, Casanare, La Guajira, Valle del Cauca y Santander son los departamentos con mayor potencialidad para este tipo de producción.

“El país se ha concentrado en meter ganado a como dé lugar en todo tipo de terrenos, obviando el potencial agrícola y el forestal. Este último podría generar importantes recursos económicos”, puntualizó Nieto Escalante.

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